Atravesado por el río Limmatt, que en su desembocadura desde el Lago de Zürich otorga una privilegiado lugar para observar unas increíbles vistas a los Alpes. Esta ciudad suiza es simplemente preciosa que entrega en cada rincón un encanto inolvidable.
El centro histórico, en gran parte, ha permanecido intacto al paso del tiempo, mientras que su zona industrial se ha convertido en el epicentro de la vida nocturna de la ciudad. La urbe, asimismo, ha sido galardonada en varias ocasiones con el título de ciudad con mayor calidad de vida en todo el mundo.
No hay época mejor para viajar a la ciudad suiza que entre los meses de junio y septiembre, cuando el tiempo es más propicio para realizar actividades al aire libre. Aunque para huir del gentío, mejor emprender ruta en otoño o invierno, período en el que los precios descienden con el termómetro. Para ver y disfrutar, el turista tiene ante sí diversas opciones cuando arriba a Zürich. Una de las mejores es la iglesia de Fraumünster, del siglo XIII, famosa por su magna y afilada torre azul y sus impresionantes ventanales.
El museo de arte moderno Kunsthaus alberga una colección permanente de obras de artistas como Alberto Giacometti y Ferdinand Hodler. Aunque para conocer la historia de Suiza la mejor opción es visitar el Museo Nacional, que garantiza un recorrido tan apasionante como educativo. En los callejones de Niederdorf, en pleno centro histórico, se mezclan las más elegantes boutiques con las librerías más impresionantes y toda clase de artistas callejeros.
Durante el verano, el calor puede llegar a ser asfixiante. La mejor receta para vencerlo es un baño, y la opción a tener en cuenta es el lago Zürich, pero puede resultar mucho más gratificante que ir a Bad Allenmoos, un oasis en plena ciudad con una piscina enorme. Con el fin de disfrutar de un hermoso paseo alpino, así como para gozar de las mejores vistas de Zürich, nada como una excursión entre Uetiberg y Felsenegg. Desde la ciudad suiza parten trenes cada 20 minutos.
Los amantes de los dulces no deben retornar sin haber probado el exquisito chocolate suizo. Abierto desde 1836, los mejores pasteles, dulces y cafés se concentran en el Café Spruüngli. La ración de pastel de chocolate sale unos 5 dólares. Aunque una de las mejores muestras de la gastronomía local, como es el tradicional moules mit fries se saborea en el restaurante Les Halles.
La oferta hotelera de la urbe es amplia, variada y de calidad. Como alternativas más destacadas, el viajero se podrá hospedar en el Hotel Alexandre, en pleno corazón del centro histórico, el Hotel Seegarten, de aire mediterráneo, el Plattenhof, ubicado en una tranquila zona residencial, el Romantik Hotel Folrhof o el lujoso Steigenberger Belierive Au Lac.
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