Es el símbolo del poder económico, de la banca, de las grandes empresas, del dinero… Tras sus sobrios edificios o dentro de sus cámaras acorazadas no sólo se apilan los lingotes de oro, las cajas con joyas, los paquetes de acciones y los fajos de billetes. También insondables secretos que podrían cambiar la historia del mundo tal como la conocemos.
Pero junto a esa cara seria y elegante, Zúrich ofrece también un rostro más amable, en el que la cultura, la diversión, el deporte, la gastronomía y la vanguardia quieren jugar un papel básico. Ahora, la ciudad más poblada de Suiza, el corazón geográfico de Europa, se esfuerza más que nunca por demostrarlo.
En los últimos años, los antiguos barrios industriales de la ciudad han ido adquiriendo otro carácter a medida que las industrias y almacenes se desplazaban a otros lugares. Así, han nacido zonas como Löwenbräu Areal en Zúrich Oeste, donde se han creado espacios vivos, grandes salas de exposiciones de vanguardia, centros culturales, restaurantes divertidos, viviendas para jóvenes y espacios culturales diversos y dinámicos.
Pero aunque poco a poco se vaya descubriendo esa nueva Zúrich, el primer contacto hay que hacerlo al modo tradicional. Un buen lugar para comenzar es Ütliberg, la montaña de Zúrich, con unos 871 modestos metros de altura a la que se accede en un funicular desde Central Platz. Destaca la espléndida vista de la ciudad, con el lago y las montañas como telón de fondo.
A sus pies se encuentra la ciudad vieja, con estrechas calles peatonales, fachadas de colores y banderolas en cada esquina. Es un buen ejemplo de cómo Goethe describió a toda Suiza: una combinación de “monumentalidad y ordenación perfecta”. Sin embargo, no es Zúrich una ciudad de monumentos imponentes.
Merecen la pena algunas de sus iglesias, como la de Fraumünster, del siglo XIII y con vidrieras diseñadas por Marc Chagall en 1970. No muy lejos está la catedral Grossmünster, que se construyó entre 1100 y 1200 y que fue testigo del inicio de la Reforma en Suiza. La tercera iglesia de interés es la de San Pedro, con torre románica, y que alberga el mayor reloj mural de Europa.
El paseo por la parte antigua de la ciudad permite ir descubriendo su larga y cambiante historia. En sus orígenes, Zúrich actuaba como puesto aduanero romano bajo la denominación de Turicum. La expansión posterior se efectuó con lentitud, pero los mercaderes que comerciaban con tela contribuyeron de inmediato a incrementar el poder financiero de la población.
Junto al lago
Los paseos más agradables en Zúrich están a las orillas del Limmat y el lago de Zúrich (Zúrichsee), resplandecientes de flores y árboles que perfuman agradablemente el ambiente. Las aguas son el reino de los veleros y de las embarcaciones a motor, que salen y llegan continuamente a los distintos embarcaderos e invitan al turista a conocer los paisajes de la ciudad también desde el agua. Cuando el sol asoma entre las montañas, el paseo a orillas del Limmat —el Limmatquai— se vuelve un cuadro perfecto de romanticismo.
Sin duda, la arteria principal de Zúrich es la céntrica Bahnhofstrasse, donde un banco sigue al otro, y una casa de moda sigue a la otra, donde brillan los relojes de mecanismos perfectos y se dan cita todas las joyas imaginables.
La elegante Bahnhofstrasse se edificó en el emplazamiento que ocupaban las murallas de la urbe, que habían sido derribadas 150 años antes. Bajo los pies del visitante aparecen las cámaras acorazadas repletas de oro y plata. Zúrich está considerado uno de los mercados de metales preciosos más importante del mundo. Como es natural, se trata del mejor lugar para la existencia de un Museo del Dinero, fundado por el coleccionista y ex asesor de inversiones Jürg Conzett. El museo es bastante particular: en lugar de presentar tradicionales colecciones de monedas antiguas, invita a los visitantes a preguntarse por su relación actual con el dinero y su posible evolución, además de presentar otros objetos, grabaciones de radio y películas, siempre relacionadas con su tema central.
Este es sólo uno entre los más de 50 museos y 100 galerías de arte de esta ciudad que no llega al millón de habitantes. Claro que para que no todo sea cultura artística, se potencia otro tipo de cultura no menos estimulante en sus más de 1700 restaurantes, desde la cocina suiza más típicamente regional hasta la más exótica.
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