Ginebra, la segunda ciudad más importante de Suiza, es sin duda la capital del orden. Situada en un lugar estratégico, entre los Alpes y la frontera con Francia, Ginebra se ha convertido en un destino para turistas pero, sobretodo, para empresarios, políticos y personalidades mundiales que encuentran allí el lugar perfecto para descansar o para todo lo contrario.
Ginebra es el paradigma de lo suizo, perfecta en muchos sentidos y siempre a tiempo en todo. La ciudad se extiende alrededor del lago Lemán, su centro geográfico, del que sale el espectacular Jet d’Eau, un chorro de agua de 140 metros. Rodeando el lago se encuentra el jardín inglés con su famoso reloj de flores que, por si lo dudabas, siempre está en hora.
Ginebra es, sobretodo, célebre por ser la sede europea de la Organización de Naciones Unidas. Infórmate en su página web sobre las visitas guiadas y no tela pierdas. Pero es frente a la sede de la ONU donde vas a encontrar uno de los monumentos que más van a llamar tu atención. Se trata de una silla gigante, a la que le falta una pata, que vigila la puerta principal dela ONU. Esta obra, llevada a cabo por el artista Daniel Berset, es una protesta contra las minas antipersonas y el uso de bombas de racimo. A pesar de que debía ser una escultura temporal, el éxito ha hecho que acabe siendo todo un símbolo permanente de la ciudad.
La Catedral de San Pedro es otro de los imprescindibles de Ginebra. Situada en uno de los barrios con más historia de la ciudad, su preservación es su punto fuerte y su encanto su mayor patrimonio. La Catedral tiene un gran valor cultural e histórico ya que fue el lugar que vio nacer la doctrina calvinista y fue durante muchos años unforo abierto a todo el mundo. No dudes en entrar por cada callejón del barrio donde se encuentra la catedral, está lleno de rincones únicos.
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