¿Quién no recuerda a la pequeña huérfana que vivía con su tía Dete y un día es llevada a una cabaña en la montaña para vivir con su abuelo, el "viejo gruñón de los Alpes''?
¿Y a Pedro, el joven cabrero que se convierte en el único amigo de Heidi en las montañas, donde descubre una nueva vida en plena naturaleza?
Heidi, la niña ''literaria'' más conocida del mundo, cuyas aventuras han sido traducidas a unos 50 idiomas e impresas en otros tantos millones de ejemplares y que ha sido trasladada a películas y a televisión en todo el mundo, sigue estando viva en la aldea de Heididorf, junto al pueblo de Maienfeld, en el cantón suizo de los Grisones.
En el mismo decorado donde Johanna Spyri situó su novela en 1880, en un idílico paisaje de montañas y prados, se encuentra la ''casa'' de Heidi, un clásico destino para excursiones de familias con niños y para los fans de Heidi, aquellos ahora cuarentones que crecieron con sus aventuras televisivas.
Visitantes de todo el mundo, entre ellos muchos turistas japoneses influidos por la famosa versión para televisión de las aventuras de Heidi, acuden a la pequeña localidad situada casi junto a la frontera con Liechtenstein donde se ha recreado la historia de la pequeña huérfana.
Tras bajar del tren en la encantadora localidad de Maienfeld, con casitas de madera bellamente decoradas, una caminata de una media hora lleva al visitante hasta el pueblo de Heidi, situado a 660 metros de altitud.
Allí, decenas de cabras --las cabras de Pedro, el amigo que Heidi encuentra en las montañas para compartir sus aventuras-- reciben a los visitantes a las puertas de la cabaña de madera donde la niña ''pasaba los inviernos'' con su abuelo, el viejo ermitaño dulcificado con la presencia de la pequeña.
La casa está perfectamente recreada en su interior, con todos los utensilios, muebles y elementos, la habitación de Heidi con su ropa, su cama de paja, el cuarto del abuelo, la estancia donde fabricaban los quesos, la mesa de madera donde comían, con platos y cubiertos, todo sin faltar ni un detalle.
Los visitantes --los niños y no tan niños-- se sienten transportados en el tiempo, ayudados por las maravillosas vistas que rodean la cabaña.
Pero la excursión no termina aquí. Un ascenso por la montaña de algo más de dos horas nos llevará hasta la otra cabaña, ''la que Heidi y el abuelo utilizaban en verano'' y que se encuentra en medio de una espectacular pradera en plenos Alpes.
Aunque esta segunda cabaña ya no está recreada según la novela, a lo largo del camino se pueden recorrer algunos de los escenarios descritos por la creadora del mito.
HEIDI Y PEDRO
Si al doblar un recodo encuentra ''la fuente donde Pedro daba de beber a sus cabras'', según reza un cartel de madera con un extracto de la novela, unos centenares de metros más arriba se encontrará con un banco de madera ``donde Heidi y el abuelo paraban a descansar cuando bajaban al pueblo a vender sus quesos''.
En otro punto del escarpado pero bello camino se halla ''el lugar donde la silla de ruedas de Clara se rompió y la niña anduvo por primera vez'', y más allá unas esculturas en madera recuerdan al perro ''Niebla'', inseparable compañero de Heidi, y a las cabras ''Blanquita'' y ``Copo de Nieve''.
El sendero no lleva solamente a la casa de Heidi, también atraviesa un bosque, y por un desvío conduce hasta la casa de Pedro El Cabrero, en Ochsenberg (1,111 metros de altitud).
La elección de esta región por Johanna Spyri para ambientar su obra no fue por azar. Allí pasaba sus vacaciones a partir de 1845, pero no fue hasta 1880, durante su período de mayor actividad literaria, cuando la escritora alumbró la que sería su más conocida obra.
Ese año apareció el primer volumen, titulado Heidìs Lehr-und Wanderjahre (Los años de aprendizaje y viajes de Heidi), en el que la autora ocultó su nombre y que se convirtió en un enorme éxito.
Un año después se publicó una segunda parte, Heidi kann brauchen, was es gelernt hat (Heidi aplica lo que ha aprendido), en esta ocasión ya bajo el nombre de Johanna Spyri.
Desde entonces, la historia de Heidi se conoce como una sola, en todas sus versiones escritas, cinematográficas o televisivas, y más de cien años después, en plena era de la internet y tecnologías, sigue en plena vigencia.•
EFE/Reportajes
|