Pero investigaciones más minuciosas hacen pensar que el término viene de la palabra romana "grand-gruyer", el guardia forestal que se ocupaba de castigar los delitos contra las aguas y los bosques.
En cualquier caso, la auténtica historia del condado de Gruyeres se remonta al siglo XI, y es hacia 1080 cuando vivía Guillermo I, el primer conde, quien partió entonces a las Cruzadas.
LAS VIRTUDES DEL QUESO.
El último conde de Gruyeres, Michel, vivió entre 1539 y 1554, y a partir de ahí las ciudades de Friburgo y Berna se repartieron el condado.
Actualmente, Gruyeres atrae a miles de turistas hasta el punto de que el segundo lugar más visitado de toda Suiza. Los viajeros deben hacer a pie la subida hasta el pueblo ya que la entrada de coches está prohibida.
En realidad, toda la localidad no es más que una calle que desemboca en una amplia plaza y que continúa después hasta alcanzar el castillo, visitado cada año por más de 180.000 personas.
Restaurado en el respeto a la más pura tradición, presenta toda la historia de sus antiguos habitantes, pero desde 1989 es, además, el centro europeo del arte fantástico.
Y es que, aparte de una importante exposición permanente, el castillo de Gruyeres alberga cada año una o varias exposiciones relacionadas con esa forma de arte.
Lo pintoresco del paisaje y el escaso espacio hacen que la localidad se vea invadida por los turistas cada día, a lo que contribuyen las numerosas tiendas de recuerdos donde pueden encontrarse los inevitables artículos con la bandera suiza roja con la cruz blanca, con motivos de vacas o los no menos imprescindibles cencerros.
Y no podrían faltar toda una serie de restaurantes donde degustar las más típicas especialidades suizas a base de queso: la fondue y la raclette.
No en vano, el lugar es la cuna del queso Gruyere, un producto con denominación de origen.
Es conocido que los romanos ya sabían fabricar quesos, y una leyenda dice que el emperador Antonin el Piadoso murió de una indigestión de queso fabricado en Gruyere, en el año 161 después de Cristo.
Después, los opulentos pastos que cubren los campos de esta región de los pre Alpes, han sido utilizados desde la Edad Media por sus habitantes para alimentar a sus rebaños de vacas, y los siervos pagaban después sus impuestos a los condes con quesos.
En la gastronomía suiza, el queso es el elemento central, una tradición que tiene que ver con las calorías que aportaba a los habitantes de las zonas montañosas, especialmente en las épocas de gran frío.
Y de ellos, el gruyere es el rey, y se sigue elaborando de manera artesanal en esta localidad que le da nombre.
Antes de subir la montaña donde se alza el pueblo, el visitante puede familiarizarse con todo lo relacionado con este producto en la fábrica-bodega-museo del gruyere.
Allí se pueden obtener todo tipo de explicaciones sobre la fabricación de este producto estrella de Suiza, qué tipos de este queso pueden consumirse sólo a partir del quinto o sexto mes de maduración, cuáles después del año o año y medio de su elaboración, y qué gama de quesos Gruyere "antiguos" pueden comerse después de tres años.
El Gruyere es precisamente la base de la conocida "fondue", una especie de sopa espesa de queso que se come generalmente con pan y que se prepara y sirve en una cacerola de cerámica.
Los comensales van pinchando con unos tenedores largos y estrechos los trozos de pan, que van introduciendo y rebozando en el queso, que se mantiene caliente y untuoso gracias a la llama que arde debajo del recipiente.
Es una forma muy agradable de compartir una comida, generalmente regada con buen vino o cerveza.
Aunque hay diversas variedades, la más popular de las fondues en Suiza es la "mitad-mitad", llamada así porque está elaborada a partes iguales con los quesos Gruyere y Vacheran, también suizo.
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