Su cuerpo consta de 10 curvas cerradísimas, seis ondas, tres saltos para cambiar de riel y dos puentes que se cruzan a una velocidad de 40 kilómetros por hora.
No se trata de un tren convencional, los pasajeros se acomodan con las piernas un poco encogidas en trineos de dos plazas que se deslizan de manera eléctrica, uno por uno, por medio de una estructura de metal elevada a seis metros del suelo.
El paisaje no permitirá que cierres los ojos. La panorámica impone con la presencia del Mont Blanc, la cumbre emblema de los Alpes suizos, totalmente cubierta de nieve.
En el mismo lugar se levanta el Matterhorn y el Jungfrau, ambos con sus blancos picos. Podrás verlos al alzar la mirada mientras vas a toda velocidad por los rieles de la montaña rusa que miden un kilómetro.
Todo tu cuerpo deberá ir bien abrigado: chamarras, gorra, guantes, bufanda y un pantalón térmico que te ayude a tolerar la temperatura que es de menos 10 grados.
El uso de esta atracción está permitida a mayores de nueve años. El precio es de 60 francos suizos. El recorrido vertiginoso dura dos minutos. El boleto incluye el teleférico que te llevará donde inicia el divertido suplicio.
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