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De perseguir genocidas, al remanso de una embajada en Argentina

 
Carla del Ponte sigue tan apasionada como en los tiempos en que comandaba la fiscalía La Haya que investigó los crímenes de los genocidas de los Balcanes y también las cuentas secretas del ex presidente argentino Carlos Menem, entre otros latinoamericanos. Desde hace un año conduce la embajada suiza en la Argentina, por lo que literalmente se muerde la lengua ante cada palabra que emite.
 

Es público que a mediados de año fue censurada por su gobierno, que le prohibió presentar su libro en el que denunciaba las atrocidades cometidas por los albaneses de Kosovo contra la minoría. Suiza estaba a favor de la independencia de la región. La entrevista que concedió a Clarín es la primera que da a un medio desde que asumió como diplomática.

¿Por qué la enviaron a la Argentina como embajadora con semejante trayectoria?

Era hora de parar. Ocho años en La Haya es un tiempo muy largo. Mi antecesor estuvo dos. También pensé que sería bueno para mí hacer algo totalmente distinto.

Pero fue también el momento en que apareció su libro en el que denuncia las atrocidades cometidas en Kosovo por los albaneses contra la minoría serbia, lo que le trajo problemas con el gobierno helvético. ¿Sigue afirmando dicha hipótesis?

Por supuesto. Escribí el libro como fiscal internacional. No hay nada que cambiar sobre los hechos que relato en mi libro.

¿Pero qué se sabe de las investigaciones para hacer justicia en este caso, después que Kosovo se convirtiera en un estado independiente?

La oficina del fiscal detuvo la investigación a fines de 2004 por resolución del Consejo de Seguridad.

¿Existen maneras de continuar las investigaciones?

El Tribunal Internacional ha hecho un excelente trabajo al lograr justicia para las víctimas. Hubo 161 procesados y acusados. Pero, por supuesto, hay muchos otros criminales que están bajo investigación. Son las autoridades nacionales las que deben ocuparse . Esto está en marcha en Belgrado, Sarajevo, Zagreb e incluso en Pristina.

La tarea del Tribunal Internacional se cumplió cuando (Ratko) Mladic y (Radovan) Karadzic fueron detenidos. Todos los criminales fueron detenidos, procesados y sometidos a juicio pero, conforme al mandato del Consejo de Seguridad, nosotros teníamos jurisdicción solamente sobre los criminales que eran oficiales militares y funcionarios políticos de alto rango, no sobre los de nivel medio. De eso se ocupan ahora las autoridades nacionales. Pero estos son temas de los que no puedo hablar. Si el ministro me llama la atención, va a ser culpa suya (risas).

¿Qué piensa del proceso que culminó en la detención de Karadzic?

Es el único momento que lamento no haber vivido. Después de trece años, conociéndolo a él y todos los hechos investigados, habría sido interesante entrevistarlo. Su detención fue para mí una satisfacción personal porque prueba que la estrategia que elaboramos con mis colaboradores para que Serbia entregara a Karadzic, Mladic y los otros era la correcta.

¿Qué errores, si los hubo, se cometieron en el caso de Slobodan Milosevic (muerto en pleno proceso judicial)

No hubo ninguno en la actuación de la fiscalía. Desde mi punto de vista, el verdadero obstáculo en el juicio contra Milosevic fue que se le permitió defenderse a sí mismo y así pudo demorar las audiencias y obtener suspensiones.

Su estado de salud tampoco permitía acelerar el juicio. Pero la crítica que recibimos fue que el acta de procesamiento era demasiado larga, que había demasiadas acusaciones. Yo no acepto ese tipo de críticas porque el fiscal representa a las víctimas y a estas no se las puede clasificar diciendo que una es Clase A y la otra es Clase B y que por lo tanto algunos crímenes deben incluirse en el procesamiento y otros no.

Las víctimas siguen de cerca el proceso. Yo recibí muchas cartas de ellas. No es posible hacer distinciones entre las víctimas en el tribunal porque los crímenes cometidos contra los padres y familiares de alguien figuran en el acta de procesamiento y los cometidos en otro pueblo no figuran porque queremos agilizar el juicio. Un juicio no tiene por objeto solamente conseguir la condena del acusado. También sirve para establecer la verdad de los hechos, y eso es sumamente importante.

Yendo al plano local, ¿en qué situación se encuentran sus investigaciones sobre las cuentas en Suiza del ex presidente Carlos Menem , de su secretario Ramón Hernández y las de los genocidas de la dictadura?

Sin comentarios.Han pasado tantos años. No me interesa ninguno. Es una historia muy, muy vieja.

clarin.com/

 

 


 

LA 5ª SUIZA
En el año 2006, 645.000 suizas y suizos vivían en el extranjero. Es decir, 10.794 (1,7%) más que en 2005.

Cerca de 112.000 de entre ellos están inscritos en los registros electorales de su cantón de origen. Proporcionalmente, ese número es equivalente a la masa electoral del cantón de Basilea-ciudad.

La mayoría de Suiza en el extranjero vive en la Unión Europea (390.182). La mayoría de ellos vive en Francia (171.732), en Alemania (72.384) y en Italia (47.012).

Fuera de la Unión Europea, en Estados Unidos reside el mayor número de expatriados suizos (71.984). Siguen Canadá (36.374); Australia (21.291); Argentina (15.061); Brasil (13.956); Israel (12.011) y África del Sur (8.821).

Suiza en Chile
En Chile hay 4.500 suizos y 60.000 descendientes de inmigrantes suizos.

La mayoría de ellos llegó durante el siglo XIX a establecerse en pequeñas colonias en las regiones del extremo sur del país.

En Suiza viven más de 3.500 chilenos, quienes llegaron principalmente como refugiados políticos en la década de los 70 y 80.

 

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