La rebelión popular en Túnez y la ola de cambios en el mundo islámico está provocando, a cada paso, situaciones nuevas imposibles de predecir. Ahora la preocupación se centra en la migración hacia Europa. Las cifras oficiales del Gobierno italiano afirman que, desde el 15 de enero han desembarcado en la pequeña isla de Lampedusa
(Italia) 5.278 personas, 66 de ellas menores de edad y todas de nacionalidad tunecina.
Esto presume, para Suiza, que los primeros flujos de migrantes tunecinos se presentarán en unos cuantos días más en la frontera, principalmente en la frontera sur (Chiasso). La Ministra de Justicia suiza, Simonetta Sommaruga, declaró que “las autoridades han comenzado a prepararse para un eventual flujo de refugiados norafricanos”.
Lo que aún no está claro es el camino que tomará esta ola de migrantes en Europa, aunque se estima que la gran mayoría se dirigirá a Francia. En este país los tunecinos, se presume, gozan de mayores nexos, principalmente familiares.
Sin embargo, Suiza también es un lugar donde la emigración pone sus ojos en busca de una nueva vida. Las estadísticas ubican a los ciudadanos de Túnez en el tercer lugar, luego de Georgia y Nigeria, que solicitaron asilo en 2010 en Chiasso.
Reacciones ante la oleada de migrantes
Diversas reacciones se han venido produciendo ante el éxodo hacia Europa de los tunecinos. En Suiza, los que más lejos han llegado son la Liga de los Tesineses (Lega Dei Ticinese). Guiliano Bignasca, presidente de la Liga llamó a construir “un muro de hormigón de cuatro metros de altura” entre Suiza e Italia. Y criticó al país helvético
por ser “un país a la deriva” ante su “incapacidad de administrar a la vez los flujos migratorios y la criminalidad”.
En Europa los llamados a evitar a toda costa un estallido en el sur que genere un aluvión de inmigrantes, proliferan. Angela Merkel, la canciller alemana, llamó la atención sobre la estrategia de contención del éxodo migratorio, un punto que considera crucial para evitar una “invasión” de la Unión Europea (UE) desde el sur.
“Como es natural, no pueden venir ahora a Europa todas las personas que no quieren quedarse en Túnez”, declaró en Berlín.
Mientras en Francia el ministro de Industria, Eric Besson, advertía que “no puede haber tolerancia con la emigración clandestina”.
El tema está complicando a Suiza y a Europa, que sabe que la solución no pasa con la devolución inmediata de los inmigrantes, y con el temor que se produzcan reacciones radicales que hagan avanzar al populismo y a la extrema derecha al interior de los países que acojan a los refugiados.
Por Jorge Molina (Suizapress)
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