Las distintas instancias gubernamentales implicadas guardaron total reserva frente a esta situación, a la espera de que mañana -al término de la reunión semanal de los miembros del Ejecutivo- se anuncie si hay un cambio de posición frente a Libia por esta cuestión.
Ambos países habían acordado que, a los 60 días de la firma del acuerdo para normalizar sus relaciones, éste se aplicaría en toda su extensión, lo que para Suiza pasa necesariamente por la liberación y retorno al país de sus ciudadanos.
Con ese fin, el Gobierno envió este fin de semana una tercera misión de alto nivel a Libia para intentar resolver el contencioso.
Sin embargo, el regreso anoche de esa misión, pero sin los rehenes, ha reavivado hoy el debate entre las fuerzas políticas helvéticas, que piden que se denuncie el acuerdo suscrito, que se nieguen visados a ciudadanos libios y que se presente una queja formal ante la ONU.
Algunos piden incluso la ruptura total de relaciones diplomáticas con Libia.
Las múltiples tentativas de Suiza de resolver esta crisis llevaron incluso al presidente del país, Hans-Rudolf Merz, a viajar a Trípoli, donde pidió disculpas públicas por la detención de Hannibal Gadafi, hijo del mandatario libio.
El breve arresto, que duró menos de dos días, ocurrió en Ginebra (Suiza) en julio del año pasado, tras una denuncia por maltrato físico que presentaron en su contra dos empleados domésticos.
Aunque el acuerdo firmado por los Gobiernos suizo y libio el pasado 20 de agosto no mencionaba explícitamente la suerte de los dos rehenes (ejecutivos de multinacionales suizas con operaciones en Libia), el presidente Merz había asegurado que el pacto resolvería su situación.
Lejos de eso, la situación de los dos hombres se ha complicado desde entonces, pues pasaron de estar confinados en la Embajada suiza en Trípoli a encontrarse en paradero desconocido, tras ser convocados para someterse a supuestos exámenes médicos.
Las autoridades libias se han contentado con decir que ambos están en "un lugar seguro", una situación juzgada como "inaceptable" por el Gobierno helvético.
El futuro de este caso es tan imprevisible que algunos analistas lo han comparado hoy con la detención, por parte del régimen de Gadafi, de cinco enfermeras búlgaras y un médico palestino durante ocho años, pues temen que los rehenes suizos puedan sufrir una suerte similar.
El abogado que defendió a esas enfermeras, Emmanuel Altit, ha aconsejado que el Gobierno helvético dé un paso atrás en este asunto y deje a las familias liderar la campaña por la liberación de los dos ejecutivos.
EFE |