Calmy-Rey asumió la presidencia de la Confederación para 2011, un puesto que ya había ocupado durante el año 2007, y su retirada política se esperaba, ya que el Partido Socialista suizo quiere renovar su imagen ante la cita electoral del año que viene.
El Gobierno federal de Suiza funciona bajo un modelo colegiado, lo que significa que sus siete miembros se turnan durante un año en la presidencia del país, pese a lo cual las decisiones gubernamentales deben ser consensuadas entre los siete.
Mientras les toca llegar a la más alta magistratura, cada uno de los miembros del Ejecutivo se encuentra a la cabeza de un ministerio en el caso de Calmy-Rey el ministerio de Exteriores-, en una función que conservan durante el año que ejercen la presidencia.
Calmy-Rey llegó este año al cargo con el peor resultado obtenido por un presidente para su elección desde 1919, una mayoría simple que le permitió acceder a la presidencia de la Confederación sin el amplio consenso que suele ser habitual en la política suiza.
Este resultado se explicó por la propensión que se le atribuye de tomar decisiones sin consultar al resto de miembros del Gobierno, saltándose así una regla básica que rige la política en Suiza.
La mayor crítica que se le ha hecho en su carrera fue por la gestión de la crisis política entre Suiza y Libia, causada por la breve detención en 2008 en Ginebra de un hijo de Muamar el Gadafi, a quien dos empleados domésticos acusaron de maltrato físico.
Esa crisis duró dos años, hasta la liberación del último de dos rehenes suizos que Libia retuvo en su territorio todo ese tiempo.
El controvertido perfil de Calmy-Rey es a juicio de los analistas políticos un anticipo de la polarización de la opinión pública suiza, que acudirá en octubre a las urnas con la perspectiva, según los sondeos, de una significativa subida de los partidos conservadores que defienden políticas migratorias más duras.
Como ministra de Exteriores, puesto al que llegó en 2003, defendió el ejercicio de una "diplomacia pública", para luego apostar con más vehemencia por la "neutralidad activa" y tuvo iniciativas audaces como la de crear una lista con víctimas civiles a consecuencia de la invasión y la guerra de Irak.
Amante de gestos, como el de cruzar la línea de demarcación de las dos Coreas con los colores de la bandera suiza en los zapatos o de anticiparse para pedir la "independencia formal" de Kosovo, fue definida por los medios como "la suiza menos neutral".
Por contra, siempre ha sido muy "tradicional", desde un punto de vista helvético, con cuestiones como la defensa del secreto bancario y el alejamiento de cualquier mensaje pro-europeísta.
EFE |