Decía el tanque inglés Gary Lineker que el futbol es un deporte donde “juegan 11 contra 11 y siempre gana Alemania”. Nadie debería dudar del máximo ganador de la Eurocopa —1972, 1980 y 1996—, a no ser porque enfrente tiene a una Turquía que duerme, huele, juega y gana al puro estilo germano.
Y es que si hay algo que los turcos han aprendido de los alemanes es su espíritu combativo. No por nada la turca es la mayor densidad de inmigrantes en tierras germanas con 2.5 millones ciudadanos provenientes de la península de Anatolia —un millón menos que la población total de Berlín.
Es la nueva Turquía, que al menos en esta Euro ha imitado ese correr en la cancha con los dientes apretados de los alemanes, sin que el rendirse sea una opción. Que igual soporta el gol a dos minutos del final del tiempo extra, empata sobre la hora y gana en penaltis, como se lo hicieron a Croacia.
La Turquía que vive en la entrañas germanas sin derecho a que sus hijos sean reconocidos como ciudadanos alemanes, mucho menos a aspirar a una doble nacionalidad, a pesar de que llevan en la Germania desde la década de los 60, cuando fueron aceptados como trabajadores invitados, pero que permanecen como extraños en la que para muchos es su segunda patria.
El titán alemán está acostumbrado a la instancia de semifinales. Aunque su identidad ha cambiado, conserva su estampa implacable, pero cobijado en una mezcla impensable en su pasado bélico. Hoy Alemania es junto con Austria el país europeo con mayor porcentaje de extranjeros en su territorio: 9.1, que explica el porqué de los Podolski, de ascendencia polaca, Gómez —latina— y Kuranyi —africana— en su alineación, una Alemania que hoy debate acerca de imponer un examen a los extranjeros que quieran acceder a su nacionalidad.
Ayer nadie habría dudado al señalar como favorito a los germanos en esta serie, pero estos turcos, pese a sus bajas, lo han dicho todo, “Turquía no le tiene miedo a nadie”, ni siquiera cuando se miden al gigante de un deporte donde “juegan 11 contra 11 y siempre gana Alemania”, un país del que han aprendido desde sus entrañas.
Sólo 24 horas después de que ya exista un semifinalista, Rusia esperará cobrar viejas cuentas pendientes ante España. Cuentas que datan del siglo pasado (1964), cuando Rusia ni siquiera existía como Federación y España hacía más llevadera su cansada dictadura con la obtención de su único trofeo ganado a nivel mayor: la Eurocopa.
Hoy Rusia se ve fresco. La mano del holandés Guus Hiddink le ha devuelto la confianza a una selección que tuvo que esperar casi dos décadas para desligarse de sus éxitos soviéticos y empezar a cosechar nuevos frutos.
Pero podría ser de nueva cuenta el turno para la Furia de los Villa, Torres y Casillas.
Fuente: vanguardia.com.mx/
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