Un telón gigantesco que cuelga de una de las paredes en el gimnasio del Colegio Suizo de Santiago comienza a mostrar las primeras imágenes que provienen directamente del estadio St. Jacob – Park de Basilea. La asistencia casi repleta todos los asientos acomodados para seguir las alternativas entre Suiza y la Rep. Checa.
La actividad es organizada por las embajadas de Suiza y Austria, los dos países que acogen el magno evento deportivo este año. Los asistentes se reparte entre los que atentamente siguen el partido y los que, cerca de ahí, aprovechan los diferentes stands de comida y bebida para conversar sobre diferentes temas.
Todo esta preparado. Las canciones nacionales comienzan a escucharse por los parlantes. El himno helvético es cantado tímidamente por algunos suizos que visten de rojo. El partido ya comienza. La pelota esta en el centro del campo y los gritos de Hopp Schwizz no se dejan esperar.
En los primeros quince minutos los dos equipos proponen todo su poder futbolístico, sin embargo el partido comienza a tener lagunas. La bandera suiza en manos de Theo Iten, un suizo que está fuera de su país desde hace quince años, flamea alentando al equipo que hoy juega de rojo.
El ambiente es tenso. Definitivamente tiene un sabor especial seguir al equipo de tu país desde tan lejos. Theo lo reconoce, “hoy creo que puedo vivir un partido con mucho más entusiasmo que en la propia suiza. (En el extranjero) me puse mucho más suizo, ahora soy 150% suizo y cuando vivía en Suiza era un suizo común”, confiesa.
La Republica Checa no hace pasar peligro a la portería suiza. Sus ataques son tímidos. EL delantero checo Köller esta solo arriba, no es un agente que cree mucho peligro. El entrenador Karel Brueckner ha puesto un cuadro defensivo. Hay cuatro centrocampista sobre el campo de juego. Y Suiza se ve más ordenada, sobre todo en defensa, aunque con muy poca llegada.
Philipp Hossli, sentado en una pequeña galería, alienta exigiendo más precisión de los suizos en ofensiva. El profesor sabe de estrategias, imparte matemática en el Colegio. Cada cierto tiempo alienta desde el fondo del Gimnasio. Aunque las ganas de los fanáticos ha bajado un poco.
El máximo goleador de suiza a caído al suelo. “No, es solo un pequeño golpe, ya se levantará” se oye entre los presentes. Pero parece que las cosas no van bien. La cara de dolor de Frei indica otra cosa. El agente más peligroso de la oncena suiza se comienza a retirar del partido, y al parecer de la Eurocopa. La rodilla esta visiblemente lesionada.
Las caras en el gimnasio lo indican todo. Pero aún queda partido. La pausa llega sin variedad. El primer tiempo deja pocas ocasiones de gol. Solo un tiro envenenado de Jarolim que atajó providencialmente el portero suizo de Benaglio y dos buenas acciones de Frei.
El resultado del partido hasta ahora es una incógnita, sin embargo lo si está claro es el éxito que ha resultado la actividad. Y no solo esta actividad, sino muchas otras organizadas por las dos embajadas (Suiza y Austria) desde hace más de un mes.
Entre estas esta el campeonato de futbolito que se realizó entre el 17 y 18 de mayo en la ciudad deportiva de Iván Zamorano. El ex jugador de St. Gallen estuvo junto a los 16 colegios chilenos que representaron simbólicamente a cada una de las selecciones de los países que hoy participan en la Eurocopa.
También la Embajada Suiza desarrolló el proyecto “La Eurocopa va al colegio”. De Arica a Punta Arenas (los dos extremos de Chile y que los separa más de 4 mil kilómetros) se realizaron charlas en aproximadamente 100 colegios. El objetivo era presentar a los países anfitriones del evento deportivo para traer el espíritu de la Eurocopa a Chile.
“Hemos logrado que aquí en Chile la gente note y sepa que hay una Eurocopa y que se juega en Suiza y en Austria” acota el embajador de Suiza, André Regli. La instancia futbolística ha entregado la oportunidad para hacer eventos y a servido como “un vehículo para promover a Suiza”, reconoce el diplomático.
El segundo tiempo ya comienza. Todos nuevamente vuelvan a sus respectivos lugares en esta tarde santiaguina. Las retaguardias de ambos conjuntos sufren cambios. Yakin sustituye al lesionado Frei y Sverkos al irrelevante Köller.
El partido continua su curso con el mismo guión: intención y tensión, pero de fútbol, poco.
El gol de la Republica Checa, tras la desconcentración defensiva suiza, es como un balde de agua fría que cae sobre los observadores del match. Las cosas con el tiempo no cambian. Suiza lo intenta, pero no le alcanza. La bandera suiza sigue flameando, pero el tiempo pasa implacablemente. La derrota es un hecho. El partido finaliza, sin embargo todo se toma con calma.
El Director del Colegio Suizo de Santiago, Friedrich Lingenhag, no está rebosando de felicidad, pero asume la derrota. “No creo que esto afecte mucho a los suizos, porque en la competencia deportiva siempre tiene que haber un ganador y un perdedor…ahora estamos festejando porque estamos aquí juntos, con un propósito y lo tomamos bien deportivamente”.
Ahora casi todos se han quedado, luego del partido, para compartir y servirse algo. Román Grämiger no nota diferencia entre estar en suiza o Chile viendo un partido de su selección, aunque, la única diferencia es que en Suiza comería Bratwurst y en Chile, en su lugar, hay choripanes.
Las esperanzas aún están intactas. Philips cree que nada esta perdido. “Es un camino duro pero no imposible. Si tenemos un buen día, y mucha motivación y algo de suerte en la delantera podríamos ganar a Portugal y a Turquía, porque no”, dice el profesor de matemáticas.
Aunque los partidos que quedan no son nada de fáciles. Theo Iten señala que “como ví a suiza hoy, lo veo difícil, porque los turcos son un equipo que en un buen día le pueden ganar a cualquiera. Bueno, si ellos tampoco tienen un buen día con Suiza tenemos posibilidades y si empatáramos con los portugueses todavía quedan remotas posibilidades, pero siempre las hay”.
La gente comienza a retirarse lentamente del Colegio Suizo de Santiago. La jornada ha finalizado. El resultado futbolístico indica una derrota de 1 a 0. Pero, como lo dice el director Friedrich Lingenhag, “me parece fantástico ver como dos culturas se mezclan en ese evento y hay muchísima gente que precisamente acepta este reto de unir culturas y por eso están aquí”.
En la retina quedan los niños y adultos que llegaron con sus poleras rojas y con sus caras pintadas con los colores rojo y Blanco y las pequeñas campanas que resonaron todo el partido. Pero esto recién comienza. El próximo miércoles la cita será en el Club Suizo. Y claro... la esperanza es lo último que se pierde.
Fuente: por Jorge Molina, Suizapress |