Consecuencia de esto, la desconfianza volvió a los inversores y eso, en el mercado de divisas, se tradujo en una apreciación de las monedas que tradicionalmente actúan como refugio en contextos de aversión al riesgo.
Destacó, una vez más, la moneda helvética, que se apreció un 1,5 y un 0,6% frente al euro y al dólar,respectivamente, con lo que marcó otro máximo histórico, a un tipo de cambio de 1,115 francos por euro y 0,78 francos por dólar.
También el yen japonés se creció ante la moneda única, motivando que ésta se depreciase un 1,6% frente a la divisa nipona, de manera que un euro llegara a valer sólo 108,75 yenes. De hecho, según el diario nipón Nikkei, Japón podría intervenir el mercado para frenar la apreciación de su divisa, como ya hizo en marzo de 2011 y septiembre de 2010.
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