Grübel, que accedió al cargo más alto del banco suizo la pasada primavera, comentó: “Parece como si nuestra entidad hubiera pasado por un combate de boxeo de 15 asaltos. En lo que respecta a operaciones y reputación, las cosas no pueden empeorar mucho más”.
En las últimas semanas, mientras intentaba normalizar las operaciones del banco, ha tenido un encontronazo con los reguladores de la Autoridad de Vigilancia de los Mercados Financieros (FINMA), el organismo regulador suizo, tras sugerir que deseaba abandonar el acuerdo de “banco malo” con el gobierno.
“Es muy caro”, explicó Grübel a Financial Times hace poco. “Tenemos que realizar una oferta para recomprar esos activos”.
La FINMA ha dicho que sería “totalmente imposible” que el banco, que sufre pérdidas, busque una transacción de este tipo teniendo en cuenta la actual inestabilidad del mercado.
El banco malo acarrea un fuerte cargo sobre sus activos. Dada la reciente recuperación de los mercado crediticios, UBS confía en que podrá devolver los activos a su balance, aunque reconoce que es posible que no pueda ejecutar su plan antes de la segunda mitad del próximo año.
El mes pasado, el gobierno suizo vendió su participación del 9% en UBS, pero aún conserva en su banco malo 23.500 millones de dólares (16.060 millones de euros) en activos, acumulados en un intento por reducir el riesgo en el grupo.
Por otra parte, Grübel confirmó que su firma estadounidense de gestión del patrimonio, Paine Webber, no era un negocio fundamental. “Hemos recibido muchas demandas de información de posibles compradores”, comentó. “Pero no tendría mucho sentido venderla a su valor actual”.
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