Ni sus más de 100 años de historia, ni su brillante palmarés ni la nómina de jugadores salidos de Estadio de Charmilles parecen importar. Ni siquiera el poderoso caballero 'Don Dinero' ejerce las funciones de salvavidas. La crisis también afecta al club de Ginebra.
Todo comenzó en el 2005. Y como en toda polémica, hay una cabeza bien visible: Marc Roger. El inversionista francés tomó las riendas del club un año antes, cuando el club suizo ya pasaba por grandes penurias económicas. Sin embargo, en sólo una temporada, se estima que el entonces máximo mandatario del Servette acumuló una deuda de 16 millones de francos. Las suspicacias de los habitantes de Ginebra no tardaron en salir a la palestra.
El club había realizado importantes traspasos e incluso recibidos donativos para salir de la crítica situación. Pero el dinero desaparecía. Incluso Lorenzo Sanz abonó algo más de tres millones de euros al club suizo que se debieron perder por el camino. Los jugadores, por aquel entonces, tampoco cobraban. Finalmente, Roger fue condenado a dos años de cárcel por varios delitos financieros y el Servette pasó de la máxima categoría a primera de aficionados.
El cambio de estadio, solución ficticia
De nada había servido que el club abandonara el mítico estadio de Charmilles para jugar en el estadio de Genève, en la localidad de Calvino. En el 2002 se vio como el camino ideal para reflotar la situación económica del club, pero seis años después, las 30.000 localidades se quedan muy grandes para un equipo que actualmente milita en la "Challlenge League", la segunda división suiza.
Bajo los mandos del iraní Majid Pishyar, el club no sólo ha mejorado, sino que va camino de regresar a la época de Roger. El déficit del club suizo en 2008 se estima en dos millones de euros y la situación deportiva no es mejor: tercero por la cola, justo en el límite de la permanencia en la categoría.
La cantera aún funciona
Su bonita rivalidad con el Lausanne o con el otro grande de Suiza, el Grasshoppers o la lucha entre Ginebra y Zúrich, ha pasado, por el momento, a mejor vida. No importa que la ciudad de casi 200.000 habitantes sea considerada como una de las más altas en nivel de vida, ni que jugadores de renombre como Karembeu, Rummenigge, Sony Anderson...hayan pasado por el club. La cantera, por cierto, sigue sacando nuevos valores (Senderos, Djourou...). Quizá es lo único que actualmente funciona con cierta normalidad.
Con 17 Ligas y 7 Copas, el gigante suizo ya no es tal. Y el futuro no es nada alentador. Vistos los antecedentes de Pishyar, su actual presidente, las esperanzas son mínimas. Su actual club, el austríaco Admira Wacker, fue a la bancarrota y descendió bajo su mandato. Esperemos que con el Servette no ocurra lo mismo.
Marca.com
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