Titulada "Villa Soviética", la exposición se sitúa en una casa del Museo Etnográfico de Ginebra a las afueras de la ciudad, donde ocupa desde el sótano hasta el ático y el jardín.
La comisaria de la exposición, Alexandra Schüssler, indicó a EFE que con esta muestra han querido experimentar y animar al público a usar "todo su físico y su mente", sin "cortar sus cuerpos".
La mayoría de los objetos se exponen en el sótano, dispuestos en un "ordenado caos" en los laterales de las habitaciones y pasillos, donde se pueden ver desde cubiertos hasta sillas.
Schüssler señaló que dentro de la exposición se han mezclado cosas de uso cotidiano soviéticos con otros procedentes de los fondos del museo y el reto es "adivinar cuáles son europeos y cuales no".
Y es que, según explicó, algunos de esos objetos usados en la vida cotidiana de la que antigua Unión Soviética "no están tan aceptados como las máscaras africanas o piezas de arte antiguo".
Una vez recorrido el sótano, la visita sigue, de forma mucho más ordenada y en las tradicionales vitrinas, en la primera planta, que recoge una amplia colección de las conocidas matrioskas -muñecas rusas de madera pintada- y cheburashkas -peluche de grandes orejas parecido a Mickey Mouse-.
Además, presenta una colección de pequeños aparatos eléctricos y una sala destinada a la fotografía, donde pueden observarse cámaras de la época.
Si los anteriores espacios evocaban la vista, en la primera planta la exposición hace mover todo el cuerpo para recorrer un estrecho pasillo donde hay puertas a ambos lados que dificultan el paso.
Para poder ver el centro de la siguiente sala, el visitante tendrá que subir a una escalera y echar un vistazo por encima de los paneles blancos dentro de los que se encuentran muebles de salón de la antigua Unión Soviética, aunque colocados de manera poco convencional.
En el lado opuesto de la planta hay una habitación donde sólo puede oirse los aplausos que emite una radio de la época.
La visita termina en el ático, donde cada sábado varios profesionales se reunirán para crear diferentes objetos bajo una única condición: deben ser blancos.
"El ático es un lugar de creación porque lo único que separa la habitación del cielo y las estrellas es un trozo de pared. En esta ocasión queremos llenarlo de figuras blancas que serán como los fantasmas de la casa", declaró la comisaria.
Desde los enormes ventanales cada una de las habitaciones podrán verse las flores que serán plantadas el próximo sábado por los visitantes del museo, dejando así que la exposición ocupe cada metro cuadrado de la villa.
EFE |