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04-Oct-2011
El euroescepticismo crece en Alemania: un nuevo partido aboga por dividir la zona euro
 

Nunca ha sido mayor el desencanto y la rabia de los alemanes contra la Unión Monetaria. Nunca ha estado el terreno tan fértil como ahora para la aparición de un nuevo movimiento euroescéptico, que podría transformarse pronto en un partido que concurriría a las elecciones generales que deben tener lugar en menos de dos  años. Ya pocos ven a Europa como la fortaleza continental frente a la globalización y la base de la prosperidad alemana, sino como un Titanic que sólo se puede reflotar con cirugías dolorosas.

Un partido que representaría a ese 66% de alemanes que no quiere dar más dinero a los griegos, a ese 60% que cree que Alemania ya no consigue beneficios claros por estar dentro de la Unión Europea (a pesar de las ventajas para sus exportaciones) y a ese 80% que opina que el Gobierno actual está gestionando fatal la crisis (según la encuesta Yougov de septiembre). El ciudadano de a pie en Hamburgo, Múnich o Berlín ve a Bruselas y a la Unión Monetaria como entidades que, últimamente, no proporcionan más que disgustos y preocupaciones y que demandan, además, unas transferencias de poder y soberanía que inquietan a un país que vive obsesionado con la seguridad, sobre todo económica.

Euro y ‘suro’

Este movimiento reformista y antieuropeísta ya tiene un líder, alguien dispuesto a dar el primer paso adelante: Hans-Olaf Henkel, 71 años de edad, un jubilado enormemente activo que dirigió durante seis años la Unión Federal de la Industria alemana (BDI). Si durante ese mandato fue un valedor del euro, moneda que daría enormes ventajas a los exportadores alemanes, ahora Henkel considera que se equivocó en su juicio. Hoy no ve otra salida más que una división de Europa: una zona euro-fuerte, encabezada por Alemania y de la que formarían parte otros países con similar filosofía de austeridad y control presupuestario (los países del Benelux, Austria y Finlandia), y una zona euro-sur, o de los países del Olivo, liderada por Francia, y en la que entrarían España, Italia, Portugal y Grecia, si es que este último país no sale por sí mismo o le sacan de la Unión Monetaria. La moneda allí se podría llamar ‘Südo’ (en alemán) o ‘suro’ (en castellano).

En sus múltiples intervenciones en actos públicos y en programas de televisión, Henkel no ahorra en argumentos peligrosos o populistas pero de enorme impacto en unos ciudadanos cada vez más preocupados. Europa, en su opinión, no está dirigida en estos momentos por Alemania o por el Eje Franco-Alemán, sino exclusivamente por Nicolas Sarkozy, quien ha montado el mecanismo de rescate y el resto de medidas para auxiliar a Grecia con el fin de salvar, por encima de todo, a los bancos franceses, que son los más expuestos. En otras palabras, serían los contribuyentes alemanes quienes estarían obligados a pagar las aventuras peligrosas de BNP Paribas y Société Genérale, entre otros, en los últimos años. Y, desde luego, cabe recordar que son las entidades francesas las más expuestas a la deuda de Grecia (60.000 millones de euros), seguidas de los dos principales bancos alemanes, Commerzbank y Deutsche Bank (40.000 millones).

¿Una división inevitable de la UE?

Algunas de los planteamientos de Henkel circulan ya por muchos despachos, privados y oficiales, en la República Federal, donde se trabaja con dos alternativas de cara al futuro europeo:

Aceptar de una vez por todas que vivimos en una Unión de Transferencias, en la que los países más ricos pagan por los errores, los excesos o las debilidades de los más pobres y en la que las naciones renuncian a una parte de soberanía que será gestionada por un Gobierno Económico Europeo y por un ministro europeo de Finanzas que controlará también los impuestos y presupuestos de todos los socios. Todo lo cual no está incluido en el Tratado de Lisboa y supone una violación de la normativa sobre la que nació el euro. Así que habría que cambiar los Tratados, pasando luego a ser aprobadas esas modificaciones por los Parlamentos de los 17 países de la eurozona. Es decir, una nueva pesadilla de ratificaciones sin fin...

Crear una Europa del euro reducida, en la que estarían sólo los países más afines a Alemania, que se rodearían de una especie de barrera contra los países insolventes, a los que habría que ayudar sólo para impedir el efecto contagio en otros países socios no tan potentes como los del núcleo central.

Las bases de este nuevo movimiento ya están en marcha. Tienen una página web, Abgeordnetencheck en la que han reunido ya 200.000 firmas que apoyan la campaña ‘Hay que parar la Unión Europea de las Deudas’, dirigida a todos los miembros del Bundestag. De hecho, bastantes miembros de la CDU que votaban la semana pasada a favor de ampliar el mecanismo de rescate para Grecia y otros países en dificultades hasta los 400.000 millones de euros, piensan ahora que han sido engañados por la propaganda oficial y que con esta cifra no hay ni para empezar. Los más díscolos han sido abochornados e insultados por sus compañeros, y todo indica que el malestar no va a dejar de crecer, sobre todo viendo que las ayudas comunitarias no consiguen mejorar los datos macroeconómicos en Atenas, como está comprobando la Troika. Merkel -quien mañana viaja a Bruselas para, entre otras cosas, leerle la cartilla a Durao Barroso por su actitud respondona- tiene un volcán en permanente peligro de erupción en su propio partido y en sus socios de Gobierno, que se ven castigados una y otra vez en las urnas por la imagen de desconcierto, confusión y perplejidad que transmiten. La CDU de Angela Merkel tendrá que decidirse tarde o temprano: o salvar el Euro o salvarse a sí misma.

ElConfidencial.com 

 


 

 
 

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