En medio de una crisis que amenaza con hacer desaparecer la zona euro, los germanos mantienen un buen ritmo de crecimiento, generan empleo y tienen la inflación a raya.
Si Europa fuera un barrio, Alemania sería hoy el vecino al que todos envidian. Ese que tiene una gran casa, un cuidado antejardín y un auto lujoso, mientras el vecindario se incendia y cae a pedazos.
Porque aunque las llamas de la crisis de deuda soberana parecen incontrolables y se expanden por el continente, los germanos muestran cifras que en ese contexto son envidiables. Entre julio y septiembre creció 0,5% respecto trimestre anterior y en un año acumula una expansión de 2,6%. Eso mientras el FMI proyecta un crecimiento de 1,6% para la zona euro, con varios países en recesión.
"Hay un total divorcio entre los mercados financieros y la discusión sobre el salvataje de Europa, con la dinámica de la economía real, lo tangible" explica la gerente general de la Cámara Chileno-Alemana de Comercio, Cornelia Sonnenberg, quien estuvo allá a fines de octubre en una visita empresarial.
"La mentalidad es otra: entienden que la crisis es parte del ciclo económico. Saben que el mundo no se decide en tiempos tan cortos y que hay que mirar a largo plazo", dice.
"La fuerte desaceleración todavía no ha sido plenamente registrada por el Gobierno o el público en general", explica Stefan Schneider, economista de Deutsche Bank en su último reporte sobre Alemania.
Eso no impide que estén preocupados. El 60% del intercambio comercial lo hacen con sus vecinos del bloque. Pero el mercado interno puede compensar en algo la baja en las exportaciones. "El impulso positivo provino en primer lugar de la economía interna. Se consumió y se invirtió más que en el trimestre anterior", explicó la oficina de estadísticas alemana, sobre el crecimiento nacional del trimestre anterior.
Y el mercado laboral acompaña, porque este año el desempleo llegará a 6,0% -en contraste con el 21% español o 16% griego-, lo que hasta ahora ha sido determinante. "Los trabajadores alemanes son súper competitivos, por lo que no hay necesidad de recortes de presupuesto o despidos masivos, como en el sur de Europa", explican en Deutsche Bank. "Trabajadores y empresarios tienen un acuerdo tácito. Hay una confianza mutua, construida con el tiempo", agrega la analista política Karin Ebensperger.
Revolución silenciosa
Para Sonnenberg, este ciclo negativo externo ha coincidido con una "revolución silenciosa" en Alemania: el abandono nuclear y su reemplazo por las energías limpias. Y eso, por sí solo, ha generado una dinámica para la economía interna.
"La economía alemana quedó destruida después de la Segunda Guerra Mundial", agrega Ebensperger. "Hay una tradición y ética del trabajo bien hecho y del compromiso con el sistema. Un sentido de bien común superior".
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